Marisol había echado el ojo a esta película y a la semana
siguiente fuimos a verla. A pesar de que en mi infancia había muchas películas
del oeste no soy consciente de haberlas visto ni de que fuera una temática que
me gustara especialmente. Puedo recordar media docena de películas de este
género entre las que no se encuentran La
diligencia, no hay perdón para mí, ni la mayoría de las que hizo John
Wayne. He dicho todo esto para aclarar que esta no la hubiera elegido yo, ni
esperaba algo destacable y, como suele suceder y más a mí, vale la pena
hablar de ella.
Dos hermanos, los Hermanas,
se dedican a rematar el trabajo de los rastreadores de fugitivos u hombres no
deseados por otros, es decir, son asesinos a sueldo. El trabajo que les han
encargado ahora es el mismo de siempre: un químico que trabajaba para su jefe
se ha ido y debe ser eliminado. Para ello, un rastreador va por delante
buscándolo, pero cuando les indica dónde se encuentra y van a por él ya no está
allí.
La película tiene un guion interesante, una buena música
e interpretaciones, la naturaleza del oeste se nos muestra como siempre se ha
hecho o nos lo hemos imaginado (aunque esté rodada menos al oeste) y la
inmersión en las pulsiones del ser humano hace que tenga un valor que, en las
películas de su género, rara vez se veía salvo superficialmente. Otra del oeste
que me gusta y que considero muy buena, a pesar de que las del oeste “no me
gustan”.
Dirección: Jacques Audiard Fotografía:
Benoît Debie
Guion: Jacques Audiard, Thomas Bidegain
Montaje: Juliette Welfing Música:
Alexandre Desplat
Actores: John C. Reilly,
Joaquin Phoenix, Jake Gyllenhall, Riz Ahmed, Rutger Hauer
(2019; 121’; ***; 31)

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