Un compañero de trabajo me comenta que le parece que
tiene buen aspecto y Marisol dice de ir a verla: ante estas circunstancias, ¿me
puedo negar? Una vez vista he de decir que ha valido la pena seguir el consejo
del compañero que le pareció que la película tenía posibilidades. Sin mencionar
a nadie ni a ningún partido político, analiza y pormenoriza actuaciones que
permiten el movimiento de capitales en favor de los partidos; obviamente,
dramatizado, pues no es un documental.
En una comida de dirigentes regionales de un partido hay
risas, chanzas, una buena mesa y una libreta que va de mano en mano para ver si
aparece su nombre en ella, hasta que llega a un comensal que, quitándole importancia
a las anotaciones se la guarda en el bolsillo. Además de esto, se habla de otro
dirigente que está en China. Cuando el protagonista de la película habla con
este último (al actor se le reconoce por su voz, que es muy personal) nos
enteramos que lo que llegará de China será una bomba. La siguiente escena es en
un barco de recreo. Pero poco después empiezan a torcerse los planes y el
protagonista empieza a llamar a puertas en las que ya nadie le contesta. Si no
es así la realidad española ya lo será, parafraseando a Picasso. Intenso final.
Dirección: Rodrigo Sorogoyen Fotografía:
Alejandro de Pablo
Guion: Rodrigo Sorogoyen, Isabel Peña
Montaje: Alberto del Campo Música:
Olivier Arson
Actores: Antonio de la Torre,
Mónica López, José M. Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener
(2018; 131’; ***; 30)

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