En el siglo internacional de la mujer y el año en el que
no se entrega el Premio Nobel de Literatura aparece esta cinta en la que son
protagonistas la mujer y el mencionado Premio. No me ha gustado por varias
razones: porque ya me he enterado de que los hombres no somos el sexo fuerte,
ni tan sabios como nos creíamos, ni que las mujeres sean seres inservibles.
Esto en cuanto a la historia. Cinematográficamente hablando: para acompañar a
su marido a recoger el Premio Nobel, la esposa ha necesitado una maleta de mano
(la mía necesita un maletón para un fin de semana); el galardonado se encuentra
mal durante el ensayo y pide descansar un momento: le dan un vaso de agua y lo
dejan en una sala desierta con una docena de puertas a pesar de que tiene un
secretario personal; el hijo tiene una crisis con sus padres y le dicen que coma
algo: desaparece de la escena, aunque iba a acompañar a sus padres a la
entrega del premio; flashbacks que retroceden a cuando eran jóvenes: no
convencen los actores por la edad. Cuando una película no engancha le
encuentras lo que deberían haber encontrado los creadores de la misma.
Una pareja de edad provecta está nerviosa una noche de
1992. Cuando aún están durmiendo suena el teléfono y lo coge el marido: al otro
lado de la línea está el Secretario de la Academia de Lengua Sueca y el primero
le dice que espere un momento que quiere que su esposa se ponga en el teléfono
supletorio. El Secretario les comunica que el marido ha sido galardonado con el
Premio Nobel de Literatura. En la siguiente escena se les ve a los dos saltando
encima de la cama gritando “lo hemos ganado, lo hemos ganado”. Si no quieres
saber más, no leas la frase del cartel.
Dirección: Björn Runge Fotografía:
Ulf Brantas
Guion: Jane Andersson
Montaje: Lena Runge Música:
Jocelyn Pook
Actores: Glenn Close, Jonathan
Pryce, Max Irons, Christian Slater, Alix W. Reagan
(2018; 100’; *; 31)

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