El País me invita a
ir a ver esta película el mismo día de la proyección y, para no desairarlos,
acepto. Las historias con bucle en el tiempo o cambio del pasado o llámalo como
quieras siempre son inaceptables, pues en algún momento se habla de un pasado
que no ha ocurrido y ya que estamos en
un presente distinto al que habría llevado dicho pasado, pero a veces y
aceptado que no puede ser, nos encontramos con que la historia está bien
contada y más, como es el caso, si el final es bueno. Digresión física: la
teoría cuántica de cuerdas sugiere que la posibilidad de universos paralelos es
posible. Yo, que no sé nada, no creo en la posibilidad de esto último, pero sí creo
que la mencionada teoría tendrá el mismo destino que lo que les sucedió a los átomos: ¿indivisibles?
Dos tormentas se producen el mismo día pero con
veinticinco años de diferencia. La vida de una mujer, casada y con una hija, se
cruzará con la de un chico que vivió en la misma casa que ella, pero un cuarto
de siglo antes. La mujer tiene que encontrar la manera de volver a su tiempo
antes de que acabe la tormenta, pues en otro caso su futuro partirá de ese
momento y no seguirá desde el punto en el que hubo la conexión en el tiempo.
Dirección: Oriol Paulo Fotografía:
Xavi Giménez
Guion: Lara Sendim, Oriol Paulo
Montaje: Jaume Martí Música:
Fernando Velázquez
Actores: Adriana Ugarte, Chino
Darín, Alvaro Morte, Javier Gutiérrez, Nora Navas
(2018; 128’; **; 33)

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