La he visto hace una semana, pero no recuerdo el porqué
le dije a Marisol que la buscara: si fue porque en La Cultureta hablaron
de ella o, cosa que dudo, se menciona en La casa de los veinte mil libros,
que estoy leyendo. En cualquier caso, no la había visto y me apetecía mucho.
Esta es una de esas películas en las que, sin ser una superproducción
porque el escenario es una sala de juicio aunque hay exteriores, aparecen actores
importantes en un pequeño papel, como es el caso de Judy Garland y Montgomery Clift,
que ni siquiera han cabido en mi humilde marquesina, y podría ser el de
Dietrich y Lancaster. Este último no puede estar más impertérrito a lo largo de
la película, salvo en una escena; y a ella siempre la veo en torno a la música
y, en concreto, de Lili Marleen. Fue nominada a once Oscar, entre ellos
a tres actores y a Judy Garland, y ganó el guion y el mejor actor fue para
Schell.
Tracy es un juez de distrito norteamericano retirado que
ha sido elegido para juzgar a cuatro jueces que acataron las leyes nazis, por
lo que condenaron, en muchos casos, a la muerte a cientos de personas. El más
importante de estos cuatro es un jurista que estaba muy bien considerado en el
mundo entero. El juez es el presidente del tribunal y, antes de dictar
sentencia, tiene que luchar en el juicio con las interrupciones que el fiscal y
el abogado defensor hacen cuando tiene el turno de palabra el otro y, fuera de
la sala, con las presiones que recibe para que la sentencia sea lo menos dura
posible, pues ahora la nación alemana está al lado de Norteamérica y enfrentada
al comunismo.
“–Yo no
sabía que iban a matar a seis millones de personas. –Esos asesinatos comenzaron con la primera
sentencia de muerte injusta que Vd, firmó.”
Dirección: Stanley Kramer
Fotografía:
Ernest Laszlo
Guion: Abby Mann
Montaje: Frederic Knudtson
Música:
Ernest Gold
Actores: Spencer Tracy, Burt Lancaster, Richard
Widmark, Marlene Dietrich, Maximilian Schell
Plataforma: Filmin
(1961; 179’; **; 33)

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