Gano por segunda vez unas entradas de El País y esta vez sí que puedo ir a ver la película, además, acompañado por Marisol, y puedo decir, a pesar de nuestra edad y del tema que trata, que nos gustó la película y las actuaciones, sobre todo la de Hopkins, que nos parece increíble que una persona de su edad, ochenta y tres, tenga la capacidad de hacer un primer papel como este, del que puede estar tan cerca de sufrirlo en persona como para no querer, o poder, interpretarlo.
Hopkins es el padre de Colman
que ha vivido solo en su casa hasta que su hija se lo llevó a vivir con él,
pues sufre demencia senil. Ha intentado que tuviera una cuidadora, pero todas
han terminado yéndose, pues su carácter sigue siendo fuerte y la enfermedad le
hace creer lo que no es. El problema que tiene ahora ella es que se va a ir a
vivir a París y necesita imperiosamente dejarlo en compañía de alguien.
Ya hace algunos años que este
tipo de películas no me apetece verlas (¿me apeteció en algún momento?, o quizá
las iba a ver porque las actuaciones acostumbran a ser muy buenas), pero me
regalaban las entradas y los dos actores me gustan, a pesar de que ella ya es
de una generación que empiezo a no conocerlas, pero he visto una serie y una
película y sus actuaciones eran muy buenas. El caso es que la película, basada
en una obra de teatro del mismo director, es muy buena y sin falsos
sentimentalismos, por lo que vale la pena verla y, hasta es posible, que te
arranque una sonrisa.
Dirección: Florian Zeller
Fotografía:
Ben Smithard
Guion: Florian Zeller, Christopher Hampton
Montaje: Yorgos Lamprinos
Música: Ludovico Einaudi
Actores: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Mark
Gatiss, Olivia Williams, Imogen Poots, Rufus Sewell
Plataforma: cine
(2020; 98’; ***; 54)

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